Nube, servidor propio u hosting: cuál elegir
Las tres opciones explicadas sin jerga, cuál conviene según el tamaño de tu empresa y los costos que casi nadie suma antes de decidir.
Es una decisión que se toma una vez y se paga durante años, y casi siempre la toma quien no la va a pagar. La conversación suele durar dos minutos y termina en «pongámoslo en la nube» o en «mejor un servidor acá, que es más seguro», y ninguna de las dos frases significa gran cosa por sí sola.
Vale la pena darle diez minutos, porque cambiar de sitio después cuesta bastante más que elegir bien ahora.
¿Qué son en realidad las tres opciones?
Sin jerga:
- Hosting compartido. Tu sistema vive en una máquina junto a otros muchos. Es lo más barato y lo más limitado: no eliges qué se instala y el vecino ruidoso te afecta.
- Servidor propio (en tu oficina). Una máquina tuya, en tu local. Control total, y también responsabilidad total: la luz, el internet, el aire acondicionado, el respaldo y el robo son tuyos.
- Nube. Alquilas una máquina virtual o un servicio administrado. Pagas por mes o por uso, creces cuando hace falta y el hierro es problema de otro.
La palabra «nube» no significa que alguien te cuide el sistema. Significa que el equipo es de otro. Si nadie contrató el monitoreo y los respaldos, en la nube estás igual de solo que en tu oficina.
¿Cuál conviene según tu caso?
Nube, si
- Se usa desde varias sedes O desde la calle, o desde casa
- La demanda sube y baja Campañas, temporadas, cierres de mes
- No tienes a nadie de sistemas Es el caso de casi toda pyme
- Necesitas crecer sin comprar nada Se amplía en minutos
Servidor propio, si
- Todo se opera dentro del local Una planta, un almacén cerrado
- Hay una exigencia de que el dato no salga Y está por escrito
- Tienes quien lo mantenga De verdad, no «el sobrino que sabe»
- El internet del local es bueno y hay respaldo eléctrico
El hosting compartido no aparece en ninguna de las dos columnas a propósito: sirve para una web institucional, pero se queda corto para un sistema de gestión con usuarios trabajando a la vez. Si tu sistema es el que sostiene la operación, no es el sitio.
Un caso que la tabla no cubre y es muy común en Perú: la operación es local, pero la gerencia quiere ver los reportes desde el celular. Eso no obliga a mudarse a la nube, pero sí obliga a resolver el acceso desde fuera con cuidado, que es donde aparecen la mayoría de los problemas de seguridad.
¿Qué se olvida al calcular el costo?
Aquí es donde el servidor propio parece barato y no lo es. La comparación honesta no es «alquiler mensual contra comprar la máquina una vez»:
- La electricidad y el aire. Una máquina encendida los 365 días, en un cuarto que no puede pasar calor.
- El internet de subida. Si la gente entra desde fuera, importa la velocidad de subida, que en los planes hogareños es la mitad de la de bajada.
- Los respaldos fuera del local. Un respaldo guardado en la misma oficina no protege de un incendio ni de un robo.
- Quién responde a las 2 de la mañana. Y en cuánto tiempo. Si la respuesta es «nadie», ese es el verdadero plan de contingencia.
- La renovación. Un servidor se reemplaza cada 4 o 5 años, y esa compra vuelve a caer entera de golpe.
Y el que más duele, porque no se ve hasta que pasa: el tiempo que estás caído. Si el sistema es el que factura, una mañana sin servicio cuesta más que la diferencia anual entre las tres opciones. Lo desarrollamos en qué pasa cuando se cae tu sistema.
Conclusión: ¿cómo se decide sin equivocarse?
Con dos preguntas, en este orden. Primero: ¿desde dónde se va a usar? Si la respuesta incluye la palabra «fuera», la nube te va a costar menos esfuerzo. Segundo: ¿quién lo mantiene y en cuánto tiempo responde? Si no hay nombre, elige la opción donde menos haya que mantener.
Sea cual sea la que elijas, exige tres cosas por escrito: respaldos automáticos que se prueban restaurando, monitoreo que avise antes que tus usuarios, y todas las claves a tu nombre. Es lo que ofrecemos en infraestructura y operación, y es lo que convierte cualquiera de las tres opciones en una decisión reversible en vez de una trampa.
